
El Henriquismo
EL ÚLTIMO CAUDILLO QUE BUSCÓ EL PODER
Texto : Arturo Villalpando
El Henriquismo. La vida pública perdió su monotonía durante la elección presidencial de 1952, porque la oposición arropará al último caudillo que intentó ascender al poder.
El orden político oficial estaba bien solidificado. Concluía el periodo de Miguel Alemán, quien aparte de ser el primer presidente civil de la era posrevolucionaria, contribuyó en 1946 a transformar al partido del Estado, ahora Partido Revolucionario Institucional (PRI), en una poderosa maquinaria electoral que aglutinó al grueso de la población en tres sectores: obrero, agrario y popular. Pocos segmentos quedaron libres y era difícil que hubiese una fuerza política que pudiera vencerlo. Incluso, antes de enfrentar a la oposición se debió lidiar, primero con el intento reeleccionista del alemanismo, y luego con los aprestos por extender el periodo de gobierno.
La Ley Electoral vigente, fechada en 1946, constriñó el número de partidos que podían participar del proceso. La patente o registro electoral que otorgaba la Secretaría de Gobernación, era un férreo candado para evitar imprevistos, aunque inesperadamente lo eludirá la Federación de Partidos del Pueblo de México (FPPM), donde grupos que venían organizándose desde antes de la intentona reeleccionista de Alemán, tendrían un candidato competitivo en la figura del general Miguel Henríquez Guzmán, quien también sumó la representación del Partido de la Revolución (PR), y del Partido Constitucionalista Mexicano (PCM).
La candidatura priista se resolvió a favor del secretario de Gobernación, Adolfo Ruiz Cortines, también respaldado por el oficialista Partido Nacionalista de México (PNM), junto a dos candidaturas testimoniales. Efraín González Luna por el PAN, y Vicente Lombardo Toledano por el Partido Popular (PP).
El movimiento henriquista estuvo en manos de militares, muchos de ellos de impronta cardenista. Su inconformidad iba más allá del desplante reeleccionista del gobernante. La corrupción alemanista y el desplazamiento de políticas de corte popular, generó un movimiento opositor abanderado por un militar de dudosa reputación, pero que supo atraer a grandes núcleos que en carne propia conocieron el uso de la violencia, porque el régimen no dudó en reprimir toda protesta para asegurar su continuidad.









